25 N

Celebrando la vida. Celebrando que somos supervivientes. Recordando a las que no están. Luchando por las que todavía tienen que sobrevivir. Intentando cambiar el mundo, una vez más, un día más.
Así pasa el día, el día de olvidar y de recordar. El día de olvidar para nosotras y de recordar para las demás. El día de los ojos fríos y de la mano dura. Del terror vagamente ocultado, disfrazado de sumisión. El día de las constantes humillaciones que te hacen sentir como una mierda. Esos momentos en que sabes que si callas malo y si hablas, peor. Ese constante juego de sentimientos, ahora te amo, ahora no. Esa anulación perpetua que te va disolviendo en el tiempo, en la nada que supone la destrucción de tu ser. El dolor físico y psíquico que te quema y te aniquila. Esos ratos en que tienes que ocultar tus lágrimas. Esas noches en que dejas que te follen mientras el único pensamiento en tu cabeza es que acabe pronto. Ese dolor de huesos, de tejido, de piel, tan intenso que ya ni lo notas, con el cuerpo convertido en un bloque de corcho que lo absorbe todo, lo resiste todo.
El día que justificas sus acciones y las perdonas una vez más, engañándote a ti misma con la vana esperanza de un amor que dejó de existir. Esa sima de soledad en la que te ves inmersa mientras piensas que la única forma de salir es aferrándote al mismo cuchillo que te hiere. Siempre hay una justificación para la ira, el abuso, la crueldad constante, el golpe intencionado y cuando ya no crees en su arrepentimiento tampoco crees en ti misma ni en tus propias fuerzas para salir; porque sientes que no hay salida, ni futuro posible o lo que es peor, que te da igual, porque eres una zombi, el reflejo inanimado de lo que un día fuiste.
Pero entonces, cuando ya todo parece perdido, surge ese instinto de supervivencia que llevamos dentro, ese aliento infalible y vital gestado por las mujeres desde siglos. Queremos vivir, curar las heridas, ser libres, decir no, no dar explicaciones, poder elegir, olvidar el terror, sonreír, hacer idioteces, pintarnos los labios, desafinar cantando, bailar, enamorarnos, viajar, reencontrarnos con nuestro yo renovado, más fuerte y más sabio. Y llega el día en que muchas como tú te dan la mano y otras miles, millones, te envían su ánimo, su aliento, para salir, para olvidar y cuando sea necesario, volver a recordar.
Hoy, mañana, pasado mañana, es ese día, el día de todas.

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