Viento del Sáhara

Arremolinado, intenso, con una calidez pastosa y un color sepia oscuro, el viento sahariano arrasaba la ciudad. Se paseaba por las calles, levantaba toldos y esparcía arena por doquier. Con él venía el eco del desierto y la desolación de la sequía. Arañaba paredes, tiraba maceteros y arrancaba ramas de árboles con una facilidad pasmosa.

Lo oía desde el interior de casa, trayendo consigo el sonido de las olas del mar. Fue el día del aniversario, el aciago día en que todo era recordar que hacía un año que te habías ido. Quizás tus cenizas, que fueron arrojadas al mar también habían sido recogidas por el aire y volaban junto con las plumas de algún pájaro errante o alguna cometa extraviada. El cielo, las paredes de las casas y los capós de los coches estaban de un amarillento triste, sin brillo, con la amargura de quien se resiste al olvido.

Quería quedarme en casa a pensarte, con mi taza de té entre las manos y las lágrimas contenidas en los dedos, en el pecho, resistiéndose a llegar hasta mis párpados. Pensé en llamar al trabajo y poner una excusa. Que un cúmulo de arena había atrancado la puerta de casa, que el coche se había averiado o la calle estaba cortada. Pero al final salí y los ojos se me llenaron de partículas diminutas en lugar de lágrimas y el pelo se me enredó en un amasijo imposible. Maldecí al viento, por tratar de llevarse tu recuerdo y el viento me respondió susurrando tu nombre.

Anduve unos metros, luchando contra él, hasta que me vi envuelta en un remolino. Todo giraba a mi alrededor y mis pies se levantaron del suelo. Noté como me golpeaba algo duro y metálico y entonces todo cambió de color. La luz del sol era más dorada que nunca y el cielo más azul. Estaba tendida sobre una duna de arena fina y suave y allí estabas tú, a mi lado, como la primera tarde que nos sentamos junto al mar, solo que ahora las olas eran suaves pendientes de arena. Y como aquella tarde, me hablabas sin palabras y yo sabía todo lo que me estabas diciendo. Cuando abrí los ojos, iba tendida en una ambulancia y aunque jamás he creído en el paraíso, supe que ese día lo había visitado.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s